domingo, marzo 20, 2005

Los escrúpulos de AntonWebern no le permitieron escribir una fuga propia (de un placer semejante no se privaron Stravinski, Bartok o Lutoslavski). Una analogía con el mundo de la lírica sería la renuencia a escribir un soneto por parte de Celan. En casos semejantes, la traducción es la única manera honesta de explorar seriamente una forma saturada (eludo el término "superada" para evitar la idea de una progresión lineal en las artes). La solución personal de Webern o Celan consistió justamente en recurrir a la traducción: éste tradujo los sonetos de Shakespeare, mientras que el primero orquestó la fuga más compleja (a 6 voces) de la Ofrenda Musical de Bach.

3 comentarios:

Francisco Serratos dijo...

JM qué gusto! escríbeme. necesito comentar un asunto contigo. mi e-mail en el blog. saludos!

Ego.

nacho dijo...

Leer los sonetos de Borges me llevó a dudar que esa forma estuviese agotada (saturada me parece un término bastante interesante en el sentido que lo planteas), si bien me parecen más cargados de artificio que de belleza propiamente dicha.
Toda creación artística tiene sin duda un grado importante de palimpsesto. Me gustaría conocer la versión de Webern. En otras composiciones noto a este autor tumbado del burro pues abusa del atonalismo.
Te mando un abrazo.

port dijo...

Qué gusto tenerte por aquí, Nacho. Y qué coincidencia, pues justo ahora que encuentro tu mensaje estoy escuchando la Ofrenda musical. Lo que hace Webern con la fuga de Bach es simplemente transcribirla para orquesta. A mí personalmente no me gustan las orquestaciones hechas a partir de música de cámara o de obras para instrumento solista, pero ésta, la de Webern, es magnífica, pues, a diferencia de las fugas del mismo Bach orquestadas por Stokowski, que simplemente magnifican la intensidad del sonido gracias a la dimensión de la orquesta, ésta, pues, digo, enriquece las diferentes líneas de la escritura polifónica, originalmente para clavecín, asignándoles el timbre de diversos instrumentos, sobretodo de maderas y metales. Acerca del soneto, sin duda se seguirán escribiendo, pero creo que, a estas alturas, ningún poeta puede decir algo que incida en la historia de la poesía escribiendo sonetos.

Un abrazo.